20 may 2008
19 may 2008
NO ES LO QUE PARECE
Te esperare sentada junto a ella.
Reluciente, reconstruida por completo.
Es una nueva ventana, nada que ver con la que ya conocias.
Y cuando pases....la cerraré.
Sellaré cualquier rendijita posible, cualquier huequecito.
Así ya no podrás salir mas.
Y te quedara dentro para siempre.
Te quedarás en mí perpetuamente.
8 may 2008
MIA Y SUS AMISTADES PELIGROSAS (PARTE II)
“Voy a besarte”. Dijo él, acompañando la frase con una media sonrisa que la deshizo en mil pezaditos por aquel bar. Agarró su carita de niña buena con las dos manos y la acercó hacia sí para tenerla mas cerca aún. Los labios de ambos se fundieron formando un único labio, las lenguas de ambos se unieron formando un único órgano. Y de repente, la multitud del ruidoso bar, se convirtió en la soledad que dos amantes necesitan.
Y a solas...
La luz que entraba por la ventana, hacia resaltar las cualidades de ella. Su tersa y blanca piel, sus firmes y redondeados senos, sus curvas imposibles... eran contempladas placida y lujuriosamente por él. Deslizó sus manos entre sus glúteos, por aquellos en los que deseaba perderse.
El deseo era evidente.
La tumbó sobre el asiento y fue recorriendo cada resquicio de su piel. Bebió gota a gota de ella. Acompañó cada temblor de su cuerpo. Y ella, miraba, sentía, volaba.
Agradecida por ello, ella hizo lo oportuno y devolvió el mismo placer con el que él la había premiado. Y él, miraba, sentía, volaba.
Ya a horcajadas, le dedicó deliciosos movimientos empleando sus mejores armas. Deleitándole de suculentos gemidos. Acompasando de miradas calidas, de susurros y de caricias infinitas.

Y el tiempo pareció detenerse.
Al cabo de los dos días, Helena preguntó a Mia que le pareció él. Mia esbozó una picara sonrisa, suspiró levemente y la contestó: “ creo que tiene aptitudes, mas de las que piensas, así que no le dejes perder Elenita”
Y a solas...
La luz que entraba por la ventana, hacia resaltar las cualidades de ella. Su tersa y blanca piel, sus firmes y redondeados senos, sus curvas imposibles... eran contempladas placida y lujuriosamente por él. Deslizó sus manos entre sus glúteos, por aquellos en los que deseaba perderse.
El deseo era evidente.
La tumbó sobre el asiento y fue recorriendo cada resquicio de su piel. Bebió gota a gota de ella. Acompañó cada temblor de su cuerpo. Y ella, miraba, sentía, volaba.
Agradecida por ello, ella hizo lo oportuno y devolvió el mismo placer con el que él la había premiado. Y él, miraba, sentía, volaba.
Ya a horcajadas, le dedicó deliciosos movimientos empleando sus mejores armas. Deleitándole de suculentos gemidos. Acompasando de miradas calidas, de susurros y de caricias infinitas.

Y el tiempo pareció detenerse.
Al cabo de los dos días, Helena preguntó a Mia que le pareció él. Mia esbozó una picara sonrisa, suspiró levemente y la contestó: “ creo que tiene aptitudes, mas de las que piensas, así que no le dejes perder Elenita”
15 abr 2008
MIA Y SUS AMISTADES PELIGROSAS ( I PARTE)

Mia tenia muchos amigos, pero muy pocas amigas. Siempre había sabido que se llevaba mejor con las personas del sexo opuesto. Desde niña las chicas tenían una imagen de ella bastante distorsionada. Quizás porque nunca se habían tomado la poca molestia de profundizar en ella. Quizás porque el salirse de lo común, de lo convencional aún estaba mal visto y se castigaba cruelmente por ello, con esa crueldad perversa e infantil que solo los niños poseen.
Una de las pocas amigas de Mia era Helena. Se conocían desde el colegio. Aun recuerdan ambas el primer día que se vieron. Era el primer día de clase en parvulario, Helena lloraba desconsoladamente en una esquina del patio, su madre la había abandonado en tal horrible lugar y un niño mayor le había quitado su batido de chocolate. Mia la vio, se acerco a ella y la dijo:
-Que llores no servirá de nada. Ni vendrá tu madre ni te devolverán tu batido. Así que toma media palmera mía y vamos a jugar.
Mia y Helena se conocían muy bien. Habían vivido demasiadas cosas juntas. Nunca se habían separado; desde el colegio hasta la facultad, desde veranos en el pueblo hasta viajes espontáneos a cualquier lugar, desde noches de borracheras hasta las comidas de los domingos una en casa de la otra. Helena era hija única, así que Mia era para ella no solo su amiga sino también su hermana. Esa hermana mayor que todas las chicas necesitan. Y auque Mia era casi un año menor que Helena, ejercía ese rol sin ser consciente de ello.
Las dos eran personas muy distintas. Helena era tranquila, vergonzosa, serena, paciente, pero insegura y desconfiada. Mía era todo lo contrario a su amiga; inquita, extravertida, despierta y demasiado segura de si misma. Quizás por eso se llevaban tan bien, porque se complementaban perfectamente. Todo de lo que carecía una lo tenía la otra.
Mia odiaba los novios, rollitos y ligues de Helena. Decía que eran tíos sin interior. Meros conversadores sin sentido. Superfluos y egocéntricos. Y cada vez que ésta le presentaba al ultimo, Mia hacia apuestas para ver si superaba en idiotez al anterior. Pero aquella noche Mia perdió la apuesta. Cuando Helena apareció con el chico, Mia ni si quiera se molesto en levantar la cabeza del libro en el que estaba inmersa. Convencida de que sería un guaperas mas al que tener que soportar unas horas para que su amiga se sintiera feliz de que se conocieran. Mia se llevó todo una sorpresa. El chico era bastante callado, con una bonita sonrisa y con una mirada penetrante, de esas que llegan a intimidar. Alto, moreno, majete de cara, pero sin llegar a esa guapura marcada por rasgos específicos. Lo suyo era una belleza peculiar, diferente; y la diferencia era lo que mas gustaba a Mia.
Una de las pocas amigas de Mia era Helena. Se conocían desde el colegio. Aun recuerdan ambas el primer día que se vieron. Era el primer día de clase en parvulario, Helena lloraba desconsoladamente en una esquina del patio, su madre la había abandonado en tal horrible lugar y un niño mayor le había quitado su batido de chocolate. Mia la vio, se acerco a ella y la dijo:
-Que llores no servirá de nada. Ni vendrá tu madre ni te devolverán tu batido. Así que toma media palmera mía y vamos a jugar.
Mia y Helena se conocían muy bien. Habían vivido demasiadas cosas juntas. Nunca se habían separado; desde el colegio hasta la facultad, desde veranos en el pueblo hasta viajes espontáneos a cualquier lugar, desde noches de borracheras hasta las comidas de los domingos una en casa de la otra. Helena era hija única, así que Mia era para ella no solo su amiga sino también su hermana. Esa hermana mayor que todas las chicas necesitan. Y auque Mia era casi un año menor que Helena, ejercía ese rol sin ser consciente de ello.
Las dos eran personas muy distintas. Helena era tranquila, vergonzosa, serena, paciente, pero insegura y desconfiada. Mía era todo lo contrario a su amiga; inquita, extravertida, despierta y demasiado segura de si misma. Quizás por eso se llevaban tan bien, porque se complementaban perfectamente. Todo de lo que carecía una lo tenía la otra.
Mia odiaba los novios, rollitos y ligues de Helena. Decía que eran tíos sin interior. Meros conversadores sin sentido. Superfluos y egocéntricos. Y cada vez que ésta le presentaba al ultimo, Mia hacia apuestas para ver si superaba en idiotez al anterior. Pero aquella noche Mia perdió la apuesta. Cuando Helena apareció con el chico, Mia ni si quiera se molesto en levantar la cabeza del libro en el que estaba inmersa. Convencida de que sería un guaperas mas al que tener que soportar unas horas para que su amiga se sintiera feliz de que se conocieran. Mia se llevó todo una sorpresa. El chico era bastante callado, con una bonita sonrisa y con una mirada penetrante, de esas que llegan a intimidar. Alto, moreno, majete de cara, pero sin llegar a esa guapura marcada por rasgos específicos. Lo suyo era una belleza peculiar, diferente; y la diferencia era lo que mas gustaba a Mia.
Continuara.....
9 abr 2008
LA PRINCESA Y EL ENANO

Había una vez una princesa que vivía en un palacio muy grande. El día en que cumplía trece años hubo una gran fiesta, con trapecistas, magos, payasos..... Pero la princesa se aburría. Entonces, apareció un enano, un enano muy feo que daba brincos y hacía piruetas en el aire. El enano fue todo un acontecimiento.
Bravo, Bravo, decía la princesa aplaudiendo y sin dejar de reír, y el enano,contagiado de su alegría, saltaba y saltaba, hasta que cayó al suelo rendido. "Sigue saltando, por favor" dijo la princesa. Pero el enano ya no podía más. La princesa se puso triste y se retiró a sus aposentos.....
Al rato, el enano, orgulloso de haber agradado a la princesa, decidió ir a buscarla, convencido de que ella se iría a vivir con él al bosque. "Ella no es feliz aquí" pensaba el enano. "Yo la cuidaré y la haré reír siempre". El enano recorrió el palacio, buscando la habitación de la princesa, pero al llegar a uno de los salones vio algo horrible. Ante él había un monstruo que
lo miraba con ojos torcidos y sanguinolentos, con unas manos peludas y unos pies enormes. El enano quiso morirse cuando se dio cuenta de que aquel monstruo era él mismo, reflejado en un espejo. En ese momento entró la princesa con su séquito.
"Ah estas aquí, qué bien, baila otra vez para mí, por favor". Pero el enano estaba tirado en el suelo y no se movía. El médico de la corte se acercó a él y le tomó el pulso. "Ya no bailará más para vos, princesa" le dijo. "¿Por qué?" preguntó la princesa. "Porque se le ha roto el corazón". Y la princesa contestó: "De ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio no tengan corazón".
Oscar Wilde.
8 abr 2008
PEDESTALES
No entiendo porque lo hago. Me empeño en ello, una y otra vez, una y otra vez. Y no me doy cuenta de que no te interesa en absoluto nada de mis comentarios, nada de mi nueva vida.
Pero disfruto desde esta posición que me he marcado. Desde ese trono que me he creado solito. Me creo divino, colosal, me encanta ser el rey del universo trascendental. Y lo peor, atormento a los de mas con todo ello. Con esta mierda de mundo que me he fabricado; basado en frivolidad, en supuesta lujuria, y de color rosa chicle que hace daño a la vista (sobre todo la ti).

¿Pero a quien intento engañar? Se me conoce demasiado bien para intentarlo. Pero me creo que lo consigo, y vuelvo a disfrutar de ello. He llegado a pensar que eso me excita, que es un aliciente para mi, que es como una doble vida, paralela a esa vida real llena de engaños, mentiras y falsas apariencias.
Te uso a mi antojo y soy consciente de ello. Te utilizo, y lo sé. Y en cierto modo esto es por tu culpa, se ha llegado a este punto por tu culpa, por no saber parar a tiempo. Solo quiero algo de tí, y mareo la perdiz a tu alrededor hasta que lo acabo consiguiendo.
Y tú, que eres tan sumamente débil me lo entregas sin mas. En mis manos, en mis oidos, en mis ojos, siempre en mis ojos eso si. Porque soy incapaz de coger el puto teléfono y hacer una sola llamada. Y luego pongo excusas tontas, jjajajjajjajaja pero como te hago reir joder.
En algún sitio leí hace poco esta frase....”si no sabes vivir en este mundo, entonces inventate uno propio”. Y parece hecha a mi medida.
¿Sabes que? Algún día bajaré de este patético pedestal en el que ahora estoy mas que subidito, y volveré a la realidad; por dura, jodida y extraña que sea. Porque siempre se vuelve, siempre. Como un efecto boomerang . Pero eso si, tendré cuidado, porque ciertas cosas no son las que vuelven, ciertas cosas solo pasan una vez en la vida. Me arriesgaré.
Esta medicina con la que me estoy automedicando, me matará. Lenta y dolorosamente, me matará. Quizas solo estes para recoger esos pedacitos que queden de mí, quizas. No me lo puedes asegurar, porque te canso. Te agoto. Pero claro, soy incapaz de darme cuenta de ello.
7 abr 2008
Mia y Leo
-Hola pequeña tentación. Desapareciste de nuevo como de costumbre. Esas idas y venidas tuyas me matan. Me desconciertan. Pensé que podía haberte ocurrido algo. Me preocupas sabes? Aunque no lo creas me importas, por raro que eso te parezca pequeña.
Las palabras de Leo resonaron en el pasillo de la casa, mientras él y Mia se fundían en un apasionado abrazo. Había pasado tiempo desde la ultima vez que estuvieron juntos, nueve o diez meses quizás. Y en todo ese tiempo Leo no había podido olvidarla ni un solo día, ni una sola noche. Recordando esa mirada perdida de Mia cuando se encierra en su mundo, ese mundo incapaz de ser penetrado por nadie. Añorando su cuerpo tendido sobre su cama, retorciéndose, estremeciéndose; a cada beso, a cada caricia, a cada espasmo. Memorando su voz, su dulce voz; esa voz pidiendo mas placer, exigiendo mas deleite.
Acto seguido cogió a Mia en brazos y la susurró al oido, tan tan bajito que apenas ella entendió aquellas palabras...
-Vamos a la cama pequeña, esta noche solo seras mía.
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